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15deagosto1Hermandad Sacramental y de Nuestra Señora de las Huertas
La Puebla de los Infantes
Sevilla



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15deagosto33

Saludo

Un nuevo año llegan las fiestas de Nuestra Patrona la Santísima Virgen de las Huertas y de nuevo nos preparamos con fervor a celebrarlas, y así asistiremos a la novena en su honor y daremos gracias por permitirnos acompañarla de nuevo en su salida procesional.
En estos meses que han pasado nuestra Hermandad ha desarrollado las actividades que a lo largo de los años y en distintas fechas tienen lugar para honra de Nuestra Señora y enriquecimiento espiritual de los hermanos.
Es importante la formación para todos y en estos tiempos difíciles aún más. En este capítulo la Junta de Gobierno, en reuniones periódicas que en el curso que ha terminado han sido conjuntas con las demás hermandades y asociaciones de nuestra parroquia, ha seguido los temas de formación que se han propuesto para Hermandades y Cofradías desde el Arzobispado, los cuales han girado en torno a una iniciación al Antiguo Testamen-to.
Otro hecho destacado ha sido la renovación de nuestras Reglas, las cuales han sido adaptadas a las nuevas Normas Diocesanas, habiendo sido aprobadas por decreto del Arzobispado, de fecha veinte de noviembre de dos mil ocho
También nos cabe la satisfacción de haber visto concluida la obra del nuevo retablo mayor de la Parroquia, con la inclusión de cinco tablas con escenas de la vida de la Virgen María, obra de Juan Antonio Huguet Pretel, que fue bendecido en solemne Eucaristía por el Sr. Cardenal Arzobispo de Sevilla, Fray Carlos Amigo Vallejo, con la asistencia del Sr. Arzobispo Coadjutor Don Juan José Asenjo Pelegrina, en la cual tuvimos la gran alegría de la proclamación del decreto por el cual la imagen de Nuestra Señora de las Huertas se considera coronada canónicamente.
En días atrás con motivo de la reforma de la ley sobre el aborto el Consejo de Hermandades y Cofradías de la ciudad de Sevilla hizo público un comunicado en el cual afirmaba su defensa a ultranza de la vida humana desde el primer momento de su concepción hasta su muerte natural, así como su rechazo a teorías que puedan propugnar lo contrario. Desde estas páginas queremos manifestar nuestra adhesión a dicho comuni-cado en los mismos términos que en él se expresan.
En los próximos meses, en fecha aún si determinar, celebraremos elecciones a la Junta de Gobierno de nuestra Hermandad; desde aquí animo a todos a participar y presentarse como candidatos a los cargos que la componen. Recuerdo cómo, hace ya años, me ofrecieron pertenecer a la Junta y accedí a ello. No sabía muy bien la forma de desarrollar las actividades que tendríamos que acometer, pero sí que tenía bastante ánimo para ello. Hoy puedo decir que esto produjo un cambio en mi vida que agradeceré siempre; que el trabajo y algún que otro sacrificio realizado se ve enormemente compensado por hacerlo en ofrecimiento a la Virgen de las Huertas.
De estos años son muchos los momentos vividos con emoción, pero hay dos fechas importantes que guardo en mi memoria: la celebración del V centenario de la imagen de Santa María de las Huertas, en la que con este motivo, Nuestra Patrona visitó todas la plazas y calles del pueblo, parando en las casas de aquellas personas que ancianas o enfermas no podrían visitarla en la Parroquia, pero asomadas a las puertas le rezaban y transmitían una profunda emoción que en estas palabras soy incapaz de describir; y la del 28 de marzo de este año dos mil nueve, en la que el Sr. Cardenal Arzobispo de Sevilla bendijo el retablo mayor de nuestra Parroquia y se dio lectura pública al Decreto por el cual se considera canónicamente coronada la imagen de Santa María de las Huertas.
Desde este saludo quiero dedicar un entrañable recuerdo a Manolo Molina, por la vinculación que tuvo con nuestra corporación, de la que fue Hermano Mayor, y a Emilio Gómez, por su disposición a ayudar siempre a la Hermandad y el ánimo y compañía que siempre nos daba. Los dos nos han dejado durante este año, pero siempre los tendremos presentes en nuestra memoria.
Son muchas las personas que nos visitan estos días; desde aquí les saludo e invito a que compartan con nosotros la alegría de las fiestas que celebramos, así como el deseo de que la Virgen de las Huertas tenga presentes a todos los que lejos de nuestro pueblo sólo pueden acompañarnos con el pensamiento.
Mi agradecimiento en nombre de la Hermandad al Excelentísimo Ayuntamiento por su apoyo y participación en las actividades de la Hermandad; a Don Salvador Martín por su cooperación un año más cediéndonos los bueyes para llevar la carreta del Simpecado en la Romería; a Doña María González por dejarnos su casa para todo lo que necesitamos.

¡Viva la Virgen de las Huertas!

El Hermano Mayor

15deagosto14

Eucaristía, corazón de la Liturgia

Te amo, Señor, por tu Eucaristía
por el gran don de Ti mismo.
Cuando no tenías nada más que ofrecer
nos dejaste tu cuerpo para amarnos hasta el fin,
con una prueba de amor abrumadora,
que hace temblar nuestro corazón
de amor, de gratitud y de respeto” .

Llevamos veinte siglos de cristianismo, por todas las latitudes, celebrando lo que Jesús encomendó a sus apóstoles en la noche de la Cena: “Haced esto en conmemoración mía”.

Actitudes ante la Eucaristía

Ante este regalo espléndido del Corazón de Jesús a la humanidad, sólo caben estas actitudes:
1. Agradecimiento profundo.
2. Admiración y asombro constantes.
3. Amor íntimo.
4. Ansias de recibirlo digna y frecuentemente.
5. Adoración continua. La eucaristía prolonga la encarnación. Es más, la eucaristía es la venida continua de Cristo sobre los altares del mundo. Y la Iglesia viene a ser la cuna en la que María coloca a Jesús todos los días en cada misa y lo entrega a la adoración y contemplación de todos, envuelto ese Jesús en los pañales visibles del pan y del vino, pero que, después de la consagración, se convierten milagrosamente y por la fuerza del Espíritu Santo en el Cuerpo y la Sangre del Señor. Y así la eucaristía llega a ser nuestro alimento de inmortalidad y nuestra fuerza y vigor espiritual. Hace dos mil años lo entregó a la adoración de los pastores y de los reyes de Oriente. Hoy María lo entrega a la Iglesia en cada eucaristía, en cada misa bajo unos pañales sumamente sencillos y humildes: pan y vino. ¡Así es Dios! ¿Pudo ser más asequible, más sencillo?

El valor y la importancia de la Eucaristía

La eucaristía es la más sorprendente invención de Dios. Es una invención en la que se manifiesta la genialidad de una Sabiduría que es simultáneamente locura de Amor. Admiramos la genialidad de muchos inventos humanos, en los que se reflejan cualidades excepcionales de inteligencia y habilidad: fax, correo electrónico, agenda electrónica, pararrayos, radio, televisión, video, etc. Pues mucho más genial es la eucaristía: que todo un Dios esté ahí realmente presente, bajo las especies de pan y vino; pero ya no es pan ni es vino, sino el Cuerpo y la Sangre de Cristo. ¿No es esto sorprendente y admirable? Pero es posible, porque Dios es omnipotente. Y es genial, porque Dios es Amor.

La eucaristía no es simplemente uno de los siete sacramentos. Y aunque no hace sombra ni al bautismo, ni a la confirmación, ni a la confesión, sin embargo, posee una excelencia única, pues no sólo se nos da la gracia sino al Autor de la gracia: Jesucristo. Recibimos a Cristo mismo. ¿No es admirable y grandiosa y genial esta verdad?
¿Cómo no ser sorprendidos por las palabras “esto es mi cuerpo, esta es mi sangre”? ¡Qué mayor realismo! ¿Cómo no sorprendernos al saber que es el mismo Creador el que alimenta, como divino pelícano, a sus mismas criaturas humanas con su mismo cuerpo y sangre? ¿Cómo no sorprendernos al ver tal abajamiento y tan gran humildad que nos confunden? Dios, con ropaje de pan y gotas de vino...¡Dios mío! Nos sorprende su amor extremo, amor de locura. Por eso hay que profundizar una y otra vez en el significado que Cristo quiso dar a la eucaristía, ayudados del evangelio y de la doctrina de la Iglesia. Nos sorprende que a pesar de la indiferencia y la frialdad, Él sigue ahí fiel y firme, derramando su amor a todos y a todas horas.

¡Cuánto necesitamos de la eucaristía!

Necesitamos la eucaristía para el crecimiento de la comunidad cristiana, pues ella nos nutre continuamente, da fuerzas a los débiles para enfrentar las dificultades, da alegría a quienes están sufriendo, da coraje para ser mártires, engendra vírgenes y forja apóstoles.
La eucaristía anima con la embriaguez espiritual, con vistas a un compromiso apostólico a aquellos que pudieran estar tentados de encerrarse en sí mismos. ¡Nos lanza al apostolado!
La eucaristía nos transforma, nos divini-za, va sembrando en nosotros el germen de la inmortalidad.
Necesitamos la eucaristía porque el ca-mino de la vida es arduo y largo y como Elías, también nosotros sentiremos deseos de desistir, de tirar la toalla, de deprimirnos y bajar los brazos. “Ven, come y camina”.

P. Antonio Rivero LC.
Fuente: Catholic.net

Coronación canónica de Nuestra Señora de las Huertas

El día 28 de Marzo de 2009 será una fecha importante en la historia de nuestra Hermandad y de nuestro pueblo. En esta jornada el Sr. Cardenal Arzobispo de Sevilla, acompañado del Sr. Arzobispo Coadjutor y en presencia de nuestro Párroco, gran número de sacerdotes, de las autoridades municipales, representaciones de las Hermandades y Asociaciones Parroquiales de nuestra localidad y de algún pueblo vecino, bendijo el retablo mayor de nuestra Parroquia, presidido por la imagen de Nuestra Patrona, la Santísima Virgen de las Huertas. Al final de la eucaristía se dio lectura pública al Decreto por el cual se considera canónicamente coronada la imagen de Santa María de las Huertas, a quien él mismo impuso las coronas restauradas en la inolvidable fecha del 10 de Agosto de 2002, dentro de los actos de conmemoración del V centenario de la imagen de Nuestra Señora. Así lo relata la Crónica del V Centenario de la Imagen de Santa María de las Huertas:
“El día 10 fue especialmente extraordinario y emotivo. En época pasada, aunque relativamente reciente, y sin que hasta el momento sepamos las circunstancias en que ocurrió, desaparecieron de la parroquia los destellos que adornaban las coronas del Niño y de la Virgen. Para esta ocasión, con las donaciones de objetos de oro y plata y cantidades en efectivo, se realizaron unos nuevos -el del Niño, de oro con cuatro incrustaciones de pedrería, y el de la Virgen, de plata sobredorada-, obra del Taller Sturmio de Sevilla. Las coronas así restauradas y completadas fueron impuestas en el trans-curso de la eucaristía de ese día por el Sr. Arzobispo de Sevilla, Don Carlos Amigo Vallejo, que presidía el altar.
Éste fue realizado por los miembros de las tres Hermandades de la localidad, con la ayuda desinteresada de otras personas de nuestro pueblo. Constituyó una magnífica obra de arquitectura efímera en la que sobre un estrado elevado, con altísimo fondo de damasco rojo, se colocó un gran baldaquino plateado, debajo del cual se situó a la Santísima Virgen que lucía esplendorosa con su ráfaga de plata, flanqueada por dos grandes faroles que completaban el espacio central. El resto se cubrió con candelabros de guardabrisas y unos extraordinarios ramos de flores. A pesar de todo hay que dejar constancia de que el viento, que ese día sopló con fuerza, no permitió que todos estos elementos se conjugaran como en el proyecto de exorno se habían planeado.

Homilía del Sr. Cardenal Fray Carlos Amigo Vallejo, pronunciada en la eucaristía de la Confirmación de los jóvenes de nuestra Parroquia y bendición del nuevo retablo

Señor Arzobispo Coadjutor, querido don Rafael, párroco de esta iglesia que hoy nos recibe, vica-rio episcopal, hermanos sacerdotes, diá-cono, señor Alcalde, queridos hermanos y hermanas todos.

¡Hay que ver cómo está el mundo! ¡Hay que ver cómo está el mundo! Violencia, agresiones, la Iglesia acosada de un lado y de otro…, tiempos difíciles.
Bueno, no vamos a seguir, porque nosotros como cristianos, no queremos ni ser ni presentarnos como víctimas de nada, sino como testigos de Jesucristo. No son las circunstancias las que van a regir nuestra vida y las que nos van a llevar de acá para allá, no tenemos ninguna vocación de perseguidos y víctimas… Queremos ser testigos, y testigos de Jesucristo que vive en todas las circunstancias y mo-mentos de la vida.

Así que tu hijo lo está pasando muy mal, y tú le quieres con toda el alma. Cuando tu hijo era pequeño te preocupa-bas por él, y ahora que es mayor, también. Tú no te sientes víctima de las circunstancias en que esté tu hijo, sino con el amor grande siempre dispuesto a ayudarle.

Habéis escuchado el evangelio: aquellos hombres que se presentan a uno de los discípulos –habían subido a Jerusa-lén–, le dicen:
–Nosotros queremos ver a Jesucristo.
Igual que todos nosotros decimos; también queremos ver a Jesucristo. Sin darnos cuenta, que si nosotros queremos ver a Jesucristo es porque antes Jesucristo nos ha visto a nosotros. Ël llega a nosotros y llega por el Bautismo, y surge este deseo de conocer más a Cristo, de estar más cerca de Ël, queremos ver sus signos, porque así vamos a creer más –pensamos nosotros–. Él, en escena parecida de este evangelio que hemos escuchado, había realizado un milagro espectacular: un muchacho que era ciego y Jesucristo le devuelve la vista. Comenzaron unos y otros a criticar: ¿pero no habéis visto?, ¿pero no os habéis dado cuenta de lo es-pectacular que es esto? Pues no creyeron, encima criticaban de Jesucristo. ¿Quiénes creyeron? Aquellos que escucharon a Jesucristo decir: Yo soy la luz del mundo, y el que va conmigo no camina en tinieblas. Es decir, que lo que abre los ojos es la palabra de Dios, es Jesucristo, el Hijo del Dios vivo. Su comportamiento, los signos que realiza. Es el que nos abre los ojos. Yo soy la luz, el que va conmigo no camina en tinieblas.

Vosotros, queridos amigos, habéis recibido en el Bautismo, y ahora llega, el Espíritu Santo que os va a dar esa fuerza que se necesita. El Espíritu Santo nos va configurando, el Espíritu Santo nos va dando forma para que nos parezcamos a Jesucristo, el Espíritu Santo es ese Amor interior que todo lo cambia.
Como cuando podemos decir: bueno, es que tú no ves nada más que por los ojos de tu hijo. Decir a un padre, tú solamente ves por los ojos de tus hijos, tú solamente piensas con los pensamientos de tus hijos, tú solamente vives pensando en la vida de tus hijos… Es decir, que tus hijos te están, como configurando, es tanto el amor que les tienes que van haciendo de tu vida la suya.
Es el Espíritu Santo que nos quiere tanto, la presencia de Jesucristo en nosotros, que nos va haciendo suyos, nos va configurando como Él es. Y lo malo es cuando uno teniendo la luz se empeña en vivir en tinieblas. Si Cristo vive con nosotros y nos ha dado su Espíritu y su misericordia y su perdón y su alegría y su esperanza y su confianza en la Providencia de Dios Padre, ¿por qué nos empeñamos en ir por otro sitio? Lo nuestro es el bien, la paz, la fortaleza, saber llevar la luz, esperar en Dios, y cuando nos empeñamos en ir por otro camino, pues vamos a tropezones y nos encontramos sin felicidad.

La Confirmación también es el sacramento de la alegría porque ayuda a la persona a ser como es. ¡Huy, huy, esto es un poco…! A ser como es. ¡Pues naturalmente! Que seas tú mismo; que seas tú misma; es decir, no como te ha estropeado el pecado, sino con la imagen que saliera de las manos de Dios y purificada por el Bautismo. Esta es tu imagen, te pareces a Jesucristo, tienes los sentimientos de Jesucristo, lo tuyo es vivir y amar como Jesucristo.

Hoy nosotros también tenemos pues esta…, esta alegría, de bendecir este nuevo retablo.
Querido Rafael, ¿he venido alguna vez a La Puebla que no haya tenido que bendecir e inaugurar alguna cosa nueva? ¿Queda algo todavía por hacer? Muchas veces he venido a La Puebla, pues nada, siempre era para bendecir, inaugurar alguna cosa nueva.
¿Qué quiere esto decir? La Iglesia es así, siempre nueva, siempre creciendo, siempre caminando. ¿Y por qué? Porque el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios ¡nunca retrocede! Siempre sigue adelante entre las dificultades que ponemos los hombres y los consuelos que Dios nos da según dice el Concilio Vaticano II.
Y veremos bendecido este altar dedicado a Nuestra Señora, a Nuestra queridísima Señora de las Huertas.
El retablo, decía un santo, San Juan Damasceno, es como un libro. Un libro para las personas que no saben leer. No se trata de una lectura siguiendo el curso de unas letras; es para aquellas personas que necesitan que les entren por los ojos. Así vemos presidido por la Señora de las Huertas, escenas de la vida de la Santísima Virgen María.
El retablo no es una pantalla en la que hay una proyección o unas imágenes, sino que el retablo nos hace seguir adelante y nos lleva a aquello que el retablo puede representar.

La devoción a la Santísima Virgen de las Huertas me la contagió Don Rafael; y si será una devoción tan sentida, que en una ocasión estaba en Roma, y en esto veo que pasa un autobús y que tiene delante un cartel, una imagen de Nuestra Señora de las Huertas. Bueno, sentí una emoción como si estuviera en mi pueblo, como si estuviera con mi gente. Y efectivamente, era un excursión de La Puebla que estaba en Roma. Me dio una emoción el ver allí a la Virgen de las Huertas, algo tan cercano, tan querido…
La Virgen nos une a todos porque es la Madre de Dios, a todos nos convoca, a to-dos nos alegra, a todos nos bendice. Es por tanto motivo grande hoy de satisfacción de ver como La Puebla de los Infantes entera bendice a la Santísima Virgen María; y la bendice y venera su nombre con este regalo, este retablo, para que pueda ayudarnos más y más a la devoción.

Vamos a celebrar pues la eucaristía y hoy de una forma especial bendeciremos a todos aquellos que nos ayudan; sobre todo bendeciremos a aquellos que nos han hecho conocer a Jesucristo, que nos han hecho conocer a la Santísima Virgen María.

Queremos ver a Jesucristo, y la forma más clara como podernos encontrarnos con Él es en la celebración, en el ofrecimiento y en el sacramento de la Eucaristía

Un retablo para la Virgen de La Puebla de los Infantes

El pintor Juan Antonio Huguet nos ha sorprendido otra vez con una de sus obras originales. La anterior fue el mural – El traslado de la Virgen desde Sevilla a Buenos Aires”– para la parroquia de la Virgen del Buen Aire en Sevilla. Esta vez se trata de un retablo de cinco tablas, para la Virgen de las Huertas, de Puebla de los Infantes. Insisto en la originalidad como nota característica de la pintura de Juan Antonio Huguet.

La imagen de la bellísima Virgen de las Huertas estaba colocada en el centro de un nuevo retablo desde hace algún tiempo, pero le faltaban las tablas de alrededor. Esta imagen de la Virgen, una escultura de comienzos del siglo XVI, puede que sea una de las más bellas y menos conocidas de la rica iconografía mariana de la Diócesis de Sevilla. Es una obra anónima, de una dulzura increíble en su rostro, y de una talla magnífica en todo su porte. Lleva al Niño en el brazo derecho, y en la mano izquierda sostiene una flor de oro que le presenta al Niño, como una estrella de Belén. Los Profesores Hernández Díaz, Ángulo Iñiguez y Pérez Embid , después de estudiar la talla de la Virgen de las Huertas, no dudan en relacionarla con el círculo de Pedro Millán. Hernández Díaz, más concretamente, la sitúa cercana al círculo de Jorge Fernández (hermano del pintor Alejo Fernández), relacionándola con otras imágenes como la Virgen del Pino, de Teror (Gran Canaria), de fínales del siglo XV; la Vlrgen de las Nieves de Alanís (destruida) de la primera década del XVI, o la Virgen del Reposo, también de Alanís (destruida) del primer decenio del si-glo XVI con la que guarda gran similitud¹.
Los talleres sevillanos de escultura se originan en torno a la obra de la Catedral, y empiezan a utilizar la madera policromada en lugar del barro cocido. Sobresalen en estos talleres grandes maestros extranjeros como Lorenzo Mercadante, de Bretaña y su sucesor Pedro Millán (activo entre 1487 y 1507), que dulcifica todavía más las expresiones, y en cuyas obras tardías se advierte ya el influjo renacentista. Sería de este tiempo, en la primera década del siglo XVI, cuando fue tallada la Virgen de las Huertas.

La imagen de la Virgen ocupa la hornacina central del retablo, y para éste ha pintado Juan Antonio Huguet cinco tablas, con cinco de los misterios principales de la vida de la Virgen: empezando por la parte baja del lado izqulerdo está la Anunciación; sobre ella las Bodas de Caná; en el centro de la parte alta está el misterio de la Asunción de María al cielo, a la derecha, en la parte alta, la Virgen acompaña a su Hijo que es llevado al sepulcro; y en la parte baja del lado derecho, la Visitación de Ia Vlrgen a su prima Isabel. El artista ha escogido estos cinco misterios de la vida de María, y ha sabido destacar en ellos toda la importancia que tienen en la obra de la Redención, en la que Ella tuvo tanta parte.

Las facciones del rostro de la Virgen se parecen en los cinco misterios, y al mismo tiempo tienen también parecido con la cara de la Virgen de las Huertas, pretendiendo así describir en estas cinco tablas otros tantos pasos de la vida de María, que es la figura central. Naturalmente, estos rasgos muestran un cambio en los años que van pasando en la Virgen, según sea el misterio que se describe.
No están descritos estos pasos del modo convencional en que estamos acostumbrados a verlos. La originalidad de la obra nos muestra la Anunciación como una escena luminosa, en que la Virgen recibe inclinada el mensaje del ángel, y éste aparece envuelto entre lienzos medio transpa-rentes, para indicar su condición sobrehumana. Como alas, lleva el ángel dos palomas colocadas sobre sus hombros que se hubieran posado allí al azar.

La escena de las Bodas de Caná es una de las más originales. No están Cristo y su Madre junto a la mesa del convite para convertir el agua en vino: las tinajas del milagro están situadas en una habitación contigua, mientras que la mesa del convite queda al fondo del cuadro. Es natural que así fuera la acción milagrosa de Jesús, en una especie de despensa en que estuvieran depositadas las tinajas.

La Asunción de María al cielo es la coronación gloriosa del retablo. Los ángeles, entre volutas volantes, dan a la escena un sentido de elevación. Todo en este cuadro está movido en un ambiente de desprendimiento desde la tierra al cielo, y la Virgen, como centro, sube entre una gama cromática de esplendor.

El contraste con la tabla de arriba, en la parte derecha, es fuerte: la tonalidad doloro-sa de todo el conjunto manifiesta la pena que embarga a todos los que acompañan al cuerpo de Cristo en su traslado al sepulcro. El rostro de María es el mismo que el de la imagen central, pero dolorido y más avejentado. Y todo descrito en un ambiente de tonalidades más oscurecidas por la pena y la ansiedad.

Por último, la tabla de la parte baja de la derecha representa a la Virgen cuando va a visitar a su prima Isabel, que está encinta. Está pintado el ambiente de pasmo y admiración en tonalidades luminosas, aunque no tanto como las que describen el misterio de la Anunciación, correspondiente a esta misma altura en el lado izquierdo.

Uno de los valores más originales de estos cuadros está en el empleo del simbolismo cromático: los colores expresan los sentimientos de los personajes descritos en cada misterio, con la fuerza poderosa de su significado simbólico. Este uso del color para describir ambientes y sensaciones interiores es un valor que se empleaba en la pintura oriental desde hace muchos siglos, y en la pintura occidental también en el arte medieval. Este simbolismo cromático aparece en los tonos luminosos de las escenas de la Anunciación y la Visita de la Virgen a su prima Santa Isabel; en la tonalidad media de las Bodas de Caná y, en contraste, en las oscuras pinceladas, llenas de pena, del traslado de Cristo al sepulcro; y, finalmente, en los colores gloriosos y fulgurantes de la escena que describe a la Virgen en su subida al Cielo, que es como una explosión lumínica de color y de gloria. Esta originalidad cromática, capaz de manifestar con la pincelada los sentimientos de las figuras descritas, es uno de los valores indudables de estas tablas pintadas por Juan Antonio Huguet.

En esta descripción de los misterios de la vida de la Virgen de las Huertas hay datos de cuadros renacentistas, mezclados con otros de pintura casi hispano-flamenca. Es el estilo que venía bien alrededor de esta imagen de comienzos del siglo XVI. Todo el conjunto aparece con un sentido didáctico y acogedor, que invita a los que se acercan a este altar a ver a la Virgen con su Niño en brazos como ascendiendo por cada uno de los pasos de su vida, hasta llegar a la supre-ma glorificación de la Asunción.

Una vez más la pintura simbólica de Juan Antonio Huguet se pone de manifiesto en esta obra de un profundo sentido religioso. La descripción de los misterios a través del color es uno de los valores que más des-tacan en la obra de este artista. En este caso, como complemento de una bella imagen antigua, que queda enaltecida con la descripción en cinco cuadros de su vida.

Fernando Gª. Gutiérrez, S.J.
Delegado Diocesano del Patrimonio Artístico
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1.Datos tomados del libro Crónica del V Centenario de la Imagen de Santa María de las Huertas, editado por la Parroquia de Nuestra Señora de las Huertas, en La Puebla de los Infantes, agosto de 2002.


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