logo

TU CLUB DE PESCA

 

NOS PUEDES ENCONTRAR EN

MIJAS COSTA

DIRECCION CORREO

locosporelmar_malaga@hotmail.com

 

Desde que el hombre es hombre, ha deseado controlar cualquiera de los medios que no le pertenecen por Naturaleza. Quizá una de las últimas fronteras sea la submarina, ya que es quizá el medio más hostil y peligroso en el nos podemos adentrar. Pero tiene una contrapartida: las maravillas, vírgenes en su práctica totalidad, que esconde el Gran Azul.

Es difícil precisar el momento en el cual la humanidad decidió aventurarse a la exploración del mar. Existen evidencias, restos de conchas principalmente, en antiguos poblados prehistóricos que permiten imaginar que sirvieron de alimento y por tanto que, los primitivos pobladores de estos lugares, se aventuraron en el fondo del mar.

Los primeros registros confirmados al respecto, se sitúan en Creta tres milenios antes de Cristo, ya que se extraían esponjas de las profundidades marinas para emplearlas tanto como cantimploras como para otros fines. Por otro lado, los chinos ya eran especialistas en la captura de ostras para extraer sus perlas hacia el 2.200 a.C. Se tiene constancia de que se emplearon profesionales del submarinismo en la famosa guerra de Troya (hacia el 1.194 a.C) principalmente para acciones de sabotaje como la toma de buques (con nocturnidad y alevosía...) o para cortar las cuerdas de las anclas; y existen referencias a las prácticas submarinas como parte de la guerra en diversos textos de Heródoto y en la Iliada de Homero. Así que como podemos ver, hace ya milenios que el hombre se ha aventurado en las profundidades del mar.

Alejandro Magno en un barril de cristal durante el sitio de Tiro. Miniatura, S.XIII. Burgundy Library, Bruselas.
Alejandro Magno en un barril de cristal durante el sitio de Tiro. Miniatura, S.XIII d.C. Burgundy Library, Bruselas.

Observando el fondo del mar.
Las primeras máscaras de buceo posiblemente las construyeron artesanos en la antigua Grecia, en madera con vidrio acoplado. También existen pruebas de que los pescadores medievales en el golfo Pérsico, según relata el viajero marroquí Ibn Batuta en el año 1.331, se ponían una máscara hecha con concha de tortuga pulida hasta dejarla casi tan transparente como el cristal.
En los comienzos del Renacimiento se comenzó a tratar al mar desde la perspectiva de la investigación y el descubrimiento, sobretodo a nivel superficial con la conquista de los mares y la pérdida del miedo al océano. El célebre Leonardo da Vinci, entre sus múltiples inventos, desarrollo unas peculiares aletas "pies de pato" y unos guantes palmeados para desenvolverse con mayor facilidad por las aguas.

Además empezó el interés por descubrir su interior y sin duda, lo que mas puso de manifiesto el creciente interés por el mar, fue la creación de una caperuza de cuero que cubría por completo la cabeza, y de la que salía, a la altura de la boca un tubo de respiración de cuero que subía a la superficie, y que sustentado por un flotador permitía tomar aire del exterior. Nacía la primera careta para bucear.

En 1.535 Guglielmo di Loreno desarrolla una campana submarina que permite una inmersión más segura, si bien existía un problema: no se podía respirar al no existir un sistema con bomba de aire. La solución vino ciento quince años después, en 1.650, cuando Otto Von Guericke, un físico alemán, desarrolló la primera bomba de aire que solucionaba el problema de la diferencia de presión, permitiendo a los ocupantes respirar el aire de la campana submarina a la misma presión que si estuvieran en tierra. Sin embargo se desconocía el problema que provocaba la descompresión, con lo que muchos buzos de la época fallecieron sin que se supieran las causas que provocaban sus repentinas muertes. No fue hasta 1.667, cuando Robert Boyle observó que el gas tiende a comprimirse y descomprimirse, que se pudo intuir de donde provenía el problema.

En el año 1.766, el inglés John Letherbridge construyó el primer equipo de buzo completo. Consistía en un tonel de madera reforzado con aros de hierro, dicho tonel le llegaba al buzo por la cintura, a la altura de la cual colgaban una serie de plomos para romper la flotabilidad del tonel. El buceador sacaba los brazos por unas aberturas estancas. El tonel estaba conectado a la superficie con una manguera que se introducía en el tonel a la altura de la boca, el aire sobrante se expulsaba por debajo de la cintura. Se trataba del primer intento conocido del ser humano por conquistar los dominios del fondo del mar.

A partir de 1.800 los ingenios submarinos se desarrollan en numerosos países: en 1.819 el ingeniero alemán August Siebe fabrica el primer casco metálico para buceo, a la cual llamó "escafandra", cuya forma es muy parecida a las que conocemos en la actualidad. Años mas tarde, en 1.837 fabricaría el primer traje de buzo completo. Durante el siglo XX, el hombre fue capaz de romper numerosas barreras y saltarse las opiniones médicas y fisiológicas, que anunciaban que no se podía descender hasta grandes profundidades. En 1.913, el apneista griego Yorgos Haggi Statti descendió a 60 metros de profundidad para recuperar un ancla del buque italiano Regina Margarita. Este hombre pudo ser el primero en descender a más de 80 metros en apnea.

Ya en la década de los años 30 del S.XX. se iniciaron en Francia las primeras incursiones tecnológicas en el mundo submarino: aparecen entonces las gafas de buceo o lo que hoy son los sistemas de "pulmón artificial" que permiten respirar bajo el agua.
Empieza la revolución submarinista.
En 1.925, el investigador francés Yves Le Prieur desarrolla la primera escafandra autónoma con ventanas amplias. Del invento de Le Prieur, casi olvidado, se pasó al de George Commheines, quien en el año 1.943 diseñó un aparato que mejoraba sensiblemente al anterior; las pruebas de este aparato se hicieron en Marsella aquel año logrando alcanzar los 35 m.

Por otro lado, en 1.936 aparecen también en Francia las gafas binoculares Fernez, que sólo se podían usar en superficie pues la presión las aplastaba y hacía imposible la inmersión. El doctor Pulvenis acopla a una mascarilla de cristal único dos esferas de goma huecas, una a cada lado, que al bajar equilibraban la presión con el aire que contenían. Taillez, del mismo grupo francés, parece que cambió todo fabricando unas gafas que incluían la nariz, con lo que se eliminaba para siempre el aplastamiento.

Pero paralelamente al acontecimiento intrascendente que suponía la escafandra autónoma mejorada de George Commheines, habría de seguir otro de verdadera trascendencia para el buceo autónomo. Dos franceses, el ingeniero Emile Gagnan y el Comandante Jacques Ives Cousteau, daban los últimos toques a un aparato al que denominaron “Aqualung” (pulmón acuático) que abriría definitivamente las puertas del mundo submarino a millares de buceadores.

Un dia del mes de julio de 1.943, en aguas de la Costa Azul, se hizo la prueba definitiva que resultó totalmente satisfactoria pues el aparato funcionó perfectamente, logrando alcanzar los 63m. de profundidad. El aparato estaba basado en un sistema de membrana compensadora de la presión y utilizaba una bitráquea (uno de entrada de aire y otro de salida por la parte posterior). Durante el año 1.946, el equipo Cousteau trató de averiguar los límites del buceo con el Aqualung. Durante estas operaciones, perece un miembro del equipo, M. Fargues, tras sumergirse a 120m. de profundidad. Tras muchos experimentos, el equipo determino que el aire comprimido cargado en las tribotellas de 5 litros cada una a una presión de 150 atm. resultaba peligroso a partir de los 60 metros. A partir de este momento los secretos del mar comienzan a desvelarse. Jacques Yves Cousteau y su equipo han sido desde entonces los referentes para muchos de buceadores.

Para combatir el frío de las profundidades, en 1.956 llega el neopreno traído de los Estados Unidos por Beuchat. Por otro lado, a partir de 1.960 se perfeccionan los fusiles, se desestiman los muelles y se perfilan los de goma y gas comprimido.

El submarinismo en España.
La historia sita los orígenes de este deporte en Francia, pero también España tuvo gran importancia en el desarrollo de la pesca submarina, siendo en la Costa Brava donde se introdujo en nuestro país.
Con motivo de la exposición internacional de 1.929, llegó a Barcelona un japonés llamado Tokumori que pescaba provisto de lentes binoculares Fernez y un arpón en el extremo de una caña de bambú.

Finalizada la guerra civil española, tiempo en el cual la evolución de este deporte fue muy escasa, Cataluña actúa como puerta de entrada de la pesca submarina. Existen testimonios que relatan increíbles capturas llevadas a cabo por personajes como Antonio Detrell, Juan Gimbernat etc.

Fue el periodista deportivo Carlos Pardo, a través de una convocatoria pública en el Mundo Deportivo, el que se dirigió a todos los pescadores submarinos de Cataluña. De esta reunión nació la asociación de pesca submarina (A.P.S.) en Barcelona en 1946, y un año y medio después ya contaba con doscientos socios. Este club fue el primero de España y uno de los primeros en Europa.
Rápidamente la afición por este deporte crece en toda la geografía española, con o sin litoral, y a los buzones del A.P.S. llegan relatos de capturas de numerosos y distantes lugares de España.

Estos son algunos de los nombres más destacados de los orígenes de la pesca submarina en España: A. Sánchez Moreno Prieto, Dr. E. Muñoz de Andalucía, Ramón de Roselló de la Sinia de Menorca; Gabriel mas, José Beltrán y Mateo Noguera de Mallorca; Franco Orgaz y Eduardo Amodeo de Madrid; los hermanos Mario, Timoteo Calaorra, Angel Paraja, Enrique Viña y Jose Luis gato de Asturias.

En el seno del A.P.S. nació en 1953 el C.R.I.S., Centro de Recuperación y de Investigaciones Submarinas. La nueva entidad se dirigía a todos los submarinistas atraídos por las posibilidades no deportivas del mar y la afición a los temas no científicos. Se estructuró inicialmente en tres secciones; marina, submarina e investigaciones. Años más tare siguió su camino de forma independiente del club materno.

A mediados de los 40, existen ya en el mercado español numerosas marcas que ofrecen material de pesca submarina: gafas, aletas, fusiles, primeros fusiles de aire comprimido etc.

Paralelamente a esto empieza a desarrollarse la competición deportiva, evolucionando de tal manera en nuestro país que hoy en día somos una de las máximas potencias, teniendo como nuestros a campeones de la talla de Amengual (considerado el mejor pescador submarino de todos los tiempos), José Viña, Pedro Carbonell y Alberto March, así como numerosos jóvenes que amenazan con seguir sus pasos.

contador de visitas

GRACIAS A TODOS POR VUESTRA COLABORACION.

IREMOS ACTUALIZANDO LA PAGINA SEMANALMENTE.

 

Enviar email